El aroma del café recién colado se mezclaba con el olorcillo a jazmín que entraba por la ventana entreabierta.
Adopté a la muchacha que todo el vecindario señalaba como la responsable de que mi hija desapareciera.
Nunca pensé que una sonrisa demasiado educada pudiera helarte la sangre. Pero esa noche, en el vestíbulo